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Inicio I
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En comunidades indígenas y escuelas
rurales:
Renace la Lengua de la Tierra
Durante un mes las palabras, bailes e instrumentos mapuche volvieron
a sonar como antaño en las tierras del Cacique Curiñancu,
padre de Leftraro, en las costas de Valdivia. Por las comunidades
indígenas de San Ignacio hasta Bonifacio, pasando por Los
Pellines y Curiñanco, pasó el Kimeltufe Juan Lemuñir
enseñando la lengua y la cultura de la gente de la tierra.
Hace bastante tiempo que en la costa de Valdivia, que la cultura
del pueblo mapuche parece estar dormida. Pero está allí,
aunque sus descendientes no hablen el mapudungun, ni realicen nguillatunes
ni ceremonias sagradas, el espíritu de la gente de la tierra
sigue presente. Prueba de ellos es que los niños después
del curso de Lengua y Cultura Mapuche, terminaron jugando palín
y bailando choike purrum.
Todo empezó cuando los dirigentes de las comunidades indígenas
de la zona expresaron el deseo de re-aprender su lengua originaria,
y paulatinamente recuperar sus costumbres. Así nació
el Curso de Lengua y Cultura Mapuche destinado a adultos y niños,
que se realizó en las escuelas rurales de la costa de Valdivia:
Playa Rosada, Curiñanco, Los Pellines y Bonifacio. A pesar
del duro invierno, y las dificultades de acceso a las aisladas localidades,
el curso llegó a toda la comunidad y los alumnos respondieron
con mucho entusiasmo. "El curso ha entusiasmado mucho a los
niños de la costa, sobre todo con los instrumentos mapuche",
dijo Joaquín Ñanco, Presidente de la comunidad indígena
Kiñewen de Curiñanco. En promedio asistieron más
de 100 personas, de los cuales la mayoría (80%) fueron niños
de 1º a 8º básico y un 20%, correspondió
a adultos.
Al final de esta inédita experiencia educativa,
los alumnos -en su mayoría niños y niñas- no
sólo aprendieron los saludos, números, y aspectos
de la sabiduría y religiosidad del pueblo mapuche, sino que
también practicaron bailes, y tocaron instrumentos como la
trutruka, pifilca, y kultrún. En la culminación del
curso, padres, profesores y niños, danzaron el choike y mañke
purrum, ataviados con la vestimenta tradicional mapuche. En Bonifacio
vimos a niños y niñas jugar al Palín (chueca),
después de una cálida despedida.
"Yo como mapuche siento que es un deber enseñar nuestra
cultura y mejor aún cuando hay interés de los peñi
o lamnien (hermanos y hermanas) que quieran recuperarla", explicó
el peñi Juan Lemuñir, profesor del curso, quien además
rescató el hecho de que la iniciativa surgiera de las propias
comunidades: "pienso que es muy bueno este camino, y ojalá
pudiéramos replicarlo con muchos hermanos mapuche. Porque
todo está vivo, aunque parece que estuviera muerto",
dijo.
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