{"id":285,"date":"2007-08-31T18:34:40","date_gmt":"2007-09-01T01:34:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revista.serindigena.org\/noticias\/?p=285"},"modified":"2007-08-31T18:34:40","modified_gmt":"2007-09-01T01:34:40","slug":"el-choclo-hijo-de-guerreros-alimento-del-pueblo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.revista.serindigena.org\/?p=285","title":{"rendered":"El Choclo: hijo de guerreros, alimento del pueblo"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.revista.serindigena.org\/noticias\/?pp_album=1&#038;pp_image=choclos.jpg\" target=\"_top\" title=\"choclos\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft\" src=\"http:\/\/www.revista.serindigena.org\/noticias\/wp-content\/photos\/choclos.jpg\" width=\"300\" height=\"195\" alt=\"choclos\" \/><\/a>Sara-Chogllo, era una mujer de raza de la misma estirpe de MAMA-HUACO, guerreras por naturaleza y como todas las mujeres de su raza siempre apoyaba incondicionalmente), en el campo de batalla a su compa\u00f1ero WIRU  (ca\u00f1a de ma\u00edz.<br \/>\nEn el calor de la lucha, una larga flecha de carrizo (bambu) encontr\u00f3 fatalmente el coraz\u00f3n de la mujer y le rob\u00f3 el calor de su aliento. Wiru, al mirar el cuerpo inerte de su amada, se arrodill\u00f3 a su lado y dej\u00f3 escapar lo m\u00e1s dolorosos lamentos y suspiros que se hab\u00eda escuchado en todas las monta\u00f1as andinas. Un incesante r\u00edo de l\u00e1grimas escap\u00f3 de los ojos de Wiru, con el que ba\u00f1\u00f3 el rostro y la herida abierta de Sara Chogllo, purificando as\u00ed el paso de su compa\u00f1era al mundo de los esp\u00edritus. La ceremonia dur\u00f3 muchos d\u00edas y muchas noches en los que nada ni nadie se atrev\u00edan a alterar el sagrado conjuro de Wiru a sus Dioses.<\/p>\n<p>La Madre Quilla (Luna) y el padre Ti (Sol) acompa\u00f1aron calladamente la pena del guerrero en su largo ritual. Cuando el dolor de Wiru empezaba a mitigar, del coraz\u00f3n de Sara-Chogllo broto una planta hermosa que gradualmente tomaba la forma de unas guerrera altiva. Al cuerpo que apenas germinaba le crecieron los dientes fuertes y sanos como la sonrisa luminosa de una mujer. El cabello largo y lustroso ba\u00f1ado por el sol, se torno en una dorada caricia que llen\u00f3 de fragancias el vientre en el que se gestaba la nueva vida. Las faldas verdes y lozanas envolvieron con maternal ternura el reto\u00f1o florecido del amor y del dolor concertados en ese instante f\u00e9rtil. El naciente fruto arrim\u00f3 su cabeza al esbelto carrizo, que segu\u00eda fuertemente abrazado a la Pachamama (madre tierra), y fue tomando fuerza.<\/p>\n<p>Cuando el nuevo fruto estaba lo suficiente maduro, Wiru lo arranc\u00f3 tiernamente con sus manos, lo llam\u00f3 CHOGLLO (como su madre), y lo guard\u00f3 muy cerca de su coraz\u00f3n. Sent\u00eda latir en su pecho el fruto de su amor que su amada le hab\u00eda ofrendado como \u00faltima muestra de cari\u00f1o. Los hombres y mujeres del pueblo lo recibieron con cantos de pesadumbre. Wiru fue directamente al templo a ofrecerle al gran Punchao (Calor, fuente de vida, aliento) el fruto nacido del coraz\u00f3n de su compa\u00f1era. Su sacrificio no estaba completo. Wiru, aprendi\u00f3 por los consejos de los Amautas (maestros andinos), que para que su sacrificio tuviera recompensa, deber\u00eda devolver el fruto a la Pachamama (Madre Tierra), de donde crecer\u00eda y se multiplicar\u00eda, alimentar\u00eda a los hijos de su pueblo, y a los hijos de sus hijos, har\u00eda sanos sus cuerpos y fuertes sus brazos y har\u00eda de ellos una raza de hombres invencibles. As\u00ed lo hizo Wiru, con sus propias manos abri\u00f3 la tierra y entreg\u00f3 grano por grano al fruto de su amor y sacrificio \u00faltimo.<br \/>\n Desde entonces, a\u00f1o tras a\u00f1o los Incas siembran el ma\u00edz en el mes del CAPAC RAYMI (diciembre), cuando empieza a caer las lluvias y cuando han cesado las l\u00e1grimas del cielo, en el mes de mayo y que en quechua es HATUN CUSQUI o AYMORAY QUILLA, (bienvenida lluvia), y que el padre sol ha acariciado con su calor por varios meses a la Pachamama, \u00e9sta entrega a los descendientes de Wiru porciones generosas del noble CHOGLLO, que tiene y siempre ha tenido, el aroma amargo de las l\u00e1grimas de Wiru y el dulce sabor de su eterna compa\u00f1era.<\/p>\n<p>As\u00ed es amigos, en el Per\u00fa, la tierra de los Incas se consume el ma\u00edz tierno, a este lo llaman Choclo, es de consumo obligado en sus m\u00e1s afamados platos, el Ceviche y en otros tambien exquisitos. Dicen que no hay choclo m\u00e1s delicioso que el del Cusco. Aunque personalmente me agrada el de Hu\u00e1nuco, ma\u00edz de mi infancia, ma\u00edz de mi recuerdo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.revista.serindigena.org\/noticias\/?pp_album=1&#038;pp_image=choclos.jpg\" title=\"choclos\" target=\"_top\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.revista.serindigena.org\/noticias\/wp-content\/photos\/thumb_choclos.jpg\" width=\"130\" height=\"84\" alt=\"choclos\" class=\"alignleft\" \/><\/a> En la tierra de los Incas se consume el ma\u00edz tierno, a este lo llaman Choclo, es de consumo obligado en sus m\u00e1s afamados platos, el Ceviche y en otros tambien exquisitos. Dicen que no hay choclo m\u00e1s delicioso que el del Cusco. Aunque personalmente me agrada el de Hu\u00e1nuco, ma\u00edz de mi infancia, ma\u00edz de mi recuerdo&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[],"class_list":["post-285","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-gastronomia"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.revista.serindigena.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/285","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.revista.serindigena.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.revista.serindigena.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.revista.serindigena.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.revista.serindigena.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=285"}],"version-history":[{"count":0,"href":"http:\/\/www.revista.serindigena.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/285\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.revista.serindigena.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=285"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.revista.serindigena.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=285"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.revista.serindigena.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=285"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}